Gaslighting: cuando el poder intenta hacerte dudar de tu propia realidad
El gaslighting no es simplemente una discusión, una diferencia de recuerdos ni una frase desafortunada. Es un patrón de manipulación en el que una persona desacredita de manera repetida la percepción, la memoria, las emociones o el juicio de otra, hasta que esta puede comenzar a desconfiar de sí misma. En relaciones atravesadas por desigualdades de género, esta forma de violencia psicológica puede convertirse en una dinámica de poder especialmente eficaz contra las mujeres: no necesita dejar una marca visible para ir estrechando el espacio desde el cual una mujer piensa, decide, pide ayuda o nombra lo que le ocurre.
El término proviene de la obra teatral Gas Light, de Patrick Hamilton (1938), y sus adaptaciones cinematográficas. Sin embargo, la investigación contemporánea invita a tratarlo con precisión. Paige L. Sweet (2019), en American Sociological Review, propone comprender el gaslighting no sólo como una técnica interpersonal, sino como un fenómeno que puede aprovechar desigualdades sociales —entre ellas las de género— para volver menos creíble la experiencia de una persona. Una revisión de Hailes y colaboradores (2023) en Trauma, Violence, & Abuse también describe el gaslighting como una forma de abuso psicológico que erosiona la confianza en la propia percepción.
Esto importa porque no existe una encuesta internacional estandarizada que mida “gaslighting” como categoría independiente en todos los países. Por eso sería incorrecto afirmar, por ejemplo, que cierto porcentaje de mujeres latinoamericanas “sufre gaslighting”. Las cifras comparables disponibles suelen medir violencia psicológica, emocional, de pareja o violencia basada en género. Esas estadísticas sirven para dimensionar el contexto en el que el gaslighting puede aparecer, pero no son sinónimos del fenómeno.
Las señales, los datos y una pregunta esencial: ¿esta relación amplía o reduce tu libertad?
Una señal aislada no permite diagnosticar una relación. Lo que merece atención es el patrón. Puede haber gaslighting cuando, de manera persistente, alguien niega hechos que ocurrieron (“eso jamás pasó”), reescribe conversaciones, insiste en que eres “demasiado sensible”, “loca” o “confundida”, atribuye toda reacción al carácter o a la salud mental de la mujer, cambia las reglas de lo acordado, utiliza información íntima para desacreditarla, la enfrenta con otras personas como supuesta prueba de que ella está equivocada, o convierte cada intento de hablar sobre un daño en un juicio contra quien lo señala.
El efecto acumulativo puede ser más revelador que una frase concreta: empezar a guardar capturas para comprobar que no imaginaste algo; pedir disculpas antes de saber por qué; necesitar que la otra persona valide tus recuerdos; sentir que cada conversación termina más confusa que como comenzó; ocultar episodios a personas queridas porque explicarlos parece imposible; o pensar que nadie te creerá sin pruebas perfectas. Ninguna de estas experiencias, por sí sola, demuestra gaslighting, pero juntas pueden justificar una consulta externa y segura.
Los datos regionales ayudan a entender el contexto más amplio. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha experimentado violencia física y/o sexual a lo largo de su vida, principalmente por parte de una pareja. La OPS ha señalado que la violencia contra las mujeres continúa siendo un grave problema de salud pública y derechos humanos en las Américas. Estas mediciones no incluyen toda la violencia psicológica y, por tanto, no deben leerse como una cifra de gaslighting.
En Chile, la IV Encuesta de Violencia contra la Mujer en el Ámbito de Violencia Intrafamiliar y en Otros Espacios (ENVIF-VCM 2020), de la Subsecretaría de Prevención del Delito, mostró una alta presencia de violencia psicológica en relaciones de pareja y expareja y evidenció que esta forma de violencia constituye una parte central del problema, junto con la violencia física y sexual. El país cuenta además con mediciones posteriores de violencia contra las mujeres; al comparar ediciones hay que atender a los cambios metodológicos y a la definición exacta de cada indicador.
En Perú, la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) del INEI mantiene una serie nacional sobre violencia ejercida por esposo o compañero. En la edición 2024, la violencia psicológica y/o verbal continuó siendo la modalidad de violencia de pareja reportada con mayor frecuencia entre las categorías medidas. La ENDES permite además observar diferencias por edad, territorio y otras características, recordándonos que detrás de un promedio nacional existen realidades muy distintas.
En Argentina, la Encuesta de Prevalencia de Violencia contra las Mujeres realizada en 2021 y difundida por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad junto con la Iniciativa Spotlight mostró la extensión de distintas modalidades de violencia de género en el ámbito doméstico y de pareja en los aglomerados relevados. Entre ellas, la violencia psicológica aparece como una dimensión especialmente extendida. La encuesta es valiosa precisamente porque no reduce la violencia a la agresión física y permite observar prácticas de control y maltrato que durante años fueron normalizadas.
En Uruguay, la Segunda Encuesta Nacional de Prevalencia sobre Violencia Basada en Género y Generaciones (2019), elaborada por organismos públicos con apoyo del sistema de Naciones Unidas, encontró que aproximadamente 76,7% de las mujeres de 15 años o más había vivido alguna situación de violencia basada en género a lo largo de su vida en alguno de los ámbitos estudiados. Esa cifra abarca distintas formas y ámbitos de violencia y tampoco equivale a prevalencia de gaslighting. Su importancia está en mostrar cuán amplio puede ser el continuo de experiencias de violencia y control.
Para América Latina y el Caribe, las estimaciones de OMS/OPS sobre violencia de pareja muestran que el problema atraviesa países, edades y grupos sociales. Las comparaciones entre Chile, Perú, Argentina y Uruguay deben hacerse con cautela: las encuestas no siempre preguntan lo mismo, usan períodos de referencia diferentes y definen las categorías de violencia de manera distinta. Convertir esos números en un ranking sería metodológicamente engañoso. Lo responsable es utilizarlos como señales convergentes de un problema estructural: la violencia psicológica y las conductas de control forman parte del paisaje de la violencia contra las mujeres en la región.
Pedir ayuda sin entrar en otra jaula: cómo reconocer un apoyo que devuelve autonomía
Cuando alguien lleva tiempo escuchando que exagera, que recuerda mal o que no puede confiar en sí misma, pedir ayuda puede sentirse paradójicamente difícil. No hace falta llegar a una certeza absoluta ni encontrar primero la etiqueta perfecta. Una frase suficiente para comenzar puede ser: “Hay cosas en esta relación que me están haciendo dudar de mí misma y quiero hablarlas con alguien fuera de ella”. Pedir una mirada externa no obliga a tomar una decisión inmediata.
Un apoyo saludable —sea una amistad, un familiar, una profesional de salud mental, una trabajadora social o un servicio especializado— debería aumentar tu capacidad de pensar y decidir, no sustituirla. Una persona segura escucha sin interrogarte como si estuvieras en un juicio; puede creer que algo te está haciendo daño sin afirmar saber todo lo que ocurre; diferencia acompañar de dirigir; respeta tus tiempos; no exige acceso a tus mensajes ni pruebas íntimas innecesarias; no amenaza con abandonarte si no sigues su consejo; no convierte tu vulnerabilidad en una deuda; y puede decir “no sé” o derivarte a alguien con mayor experiencia cuando corresponde.
Conviene desconfiar, en cambio, de una supuesta ayuda que reproduce el mecanismo del control: “yo sé mejor que tú lo que tienes que hacer”; “si vuelves con él, no me hables”; “dame tus contraseñas para protegerte”; “no necesitas a nadie más, sólo a mí”; “no hables con profesionales porque te van a confundir”. También merece cautela cualquier profesional que garantice resultados, presione para confrontar a la pareja sin evaluar riesgos, minimice el miedo, culpabilice por no haberse ido antes o convierta una interpretación clínica en una orden. La ayuda adecuada no debería construir una segunda dependencia.
La literatura sobre violencia de pareja y control coercitivo destaca la importancia de intervenciones centradas en la persona sobreviviente, la seguridad y la autonomía. La OMS recomienda apoyo de primera línea que escuche sin presionar, valide, atienda necesidades y preocupaciones, aumente la seguridad y conecte con recursos. En términos prácticos, una buena pregunta para evaluar cualquier ayuda es: después de hablar con esta persona, ¿tengo más claridad, más opciones y más capacidad para decidir, o tengo más miedo a desobedecerla?
Si es seguro hacerlo, puede ayudar registrar para una misma fechas, hechos y cómo se sintió, no para construir un expediente perfecto ni para convencer a todo el mundo, sino para recuperar continuidad cuando las conversaciones producen confusión. Ese registro debe guardarse sólo donde no aumente el riesgo. En situaciones de vigilancia digital o control de dispositivos, buscar información, guardar capturas o modificar contraseñas puede ser visible para la otra persona; los servicios especializados pueden ayudar a pensar un plan de seguridad adaptado al caso.
No siempre es recomendable confrontar directamente a una persona controladora con la etiqueta “estás haciéndome gaslighting”. En contextos abusivos, una confrontación puede provocar represalias o una escalada. El objetivo inicial puede ser mucho más pequeño: recuperar una conversación privada con alguien confiable, consultar a una profesional, conocer los recursos disponibles, tener documentos importantes accesibles o acordar con una persona de confianza una forma segura de pedir apoyo. Si existe peligro inmediato, amenazas, violencia física, acceso a armas, estrangulamiento previo, persecución o temor serio por la seguridad, la prioridad es contactar servicios de emergencia o especializados del país y elaborar un plan de seguridad.
RECURSOS PARA PEDIR ORIENTACIÓN
Chile: el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género dispone del 1455 para orientación en violencias de género. ChileAtiende y SernamEG mantienen información actualizada sobre canales y Centros de las Mujeres. Ante una emergencia, deben utilizarse los números de emergencia correspondientes.
Perú: el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables ofrece la Línea 100, gratuita y disponible las 24 horas, además de los Centros Emergencia Mujer y otros servicios del Programa Nacional Warmi Ñan.
Argentina: la Línea 144 brinda atención, contención y asesoramiento ante situaciones de violencia y riesgo por motivos de género. Los canales y modalidades vigentes pueden consultarse en Argentina.gob.ar.
Uruguay: el servicio nacional de orientación a mujeres en situación de violencia doméstica funciona a través del 0800 4141 y *4141 desde celular, según la información oficial de gub.uy. En una emergencia, corresponde contactar al 911.
Si estás leyendo esto por alguien que quieres, quizá la ayuda más valiosa no sea convencerla de una interpretación. Puedes decirle que estás disponible, preguntarle qué necesita hoy, ofrecer acompañamiento para consultar un servicio y mantener abierta la puerta incluso si toma decisiones distintas de las que tú tomarías. Salir de una dinámica de control no siempre es un acontecimiento único; muchas veces es un proceso de recuperar confianza, vínculos, recursos y capacidad de elección.
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
Sweet, P. L. (2019). The Sociology of Gaslighting. American Sociological Review, 84(5), 851–875. https://doi.org/10.1177/0003122419874843
Hailes, H. P., Goodman, L. A., & Dutton, M. A. (2023). The Gaslighting of Women and Girls: A Systematic Review. Trauma, Violence, & Abuse. Consulta bibliográfica mediante bases académicas y PubMed/PMC.
World Health Organization (WHO). Violence against women. Fact sheet y estimaciones globales sobre violencia contra las mujeres. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women
World Health Organization (2013). Responding to intimate partner violence and sexual violence against women: WHO clinical and policy guidelines. https://www.who.int/publications/i/item/9789241548595
World Health Organization (2014). Health care for women subjected to intimate partner violence or sexual violence: a clinical handbook. Enfoque LIVES de apoyo de primera línea.
Pan American Health Organization (PAHO/OPS). Violence against women. Información regional y estimaciones para las Américas. https://www.paho.org/en/topics/violence-against-women
Subsecretaría de Prevención del Delito, Chile (2020). IV Encuesta de Violencia contra la Mujer en el Ámbito de Violencia Intrafamiliar y en Otros Espacios (ENVIF-VCM).
Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género / ChileAtiende. Orientación para mujeres víctimas de violencia y Fono 1455. Fuentes oficiales del Estado de Chile.
Instituto Nacional de Estadística e Informática, Perú (2025). Encuesta Demográfica y de Salud Familiar – ENDES 2024. Capítulo sobre violencia contra las mujeres. https://www.inei.gob.pe/
Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Perú. Línea 100 y servicios para personas afectadas por violencia. https://www.gob.pe/institucion/mimp
Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Argentina e Iniciativa Spotlight (2022). Encuesta de Prevalencia de Violencia contra las Mujeres 2021. Resultados sobre violencia de género en el ámbito doméstico y de pareja.
Argentina.gob.ar. Línea 144: atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia de género. https://www.argentina.gob.ar/
Instituto Nacional de las Mujeres / Instituto Nacional de Estadística y organismos integrantes del Consejo Nacional Consultivo, Uruguay (2019). Segunda Encuesta Nacional de Prevalencia sobre Violencia Basada en Género y Generaciones. https://www.gub.uy/
Gobierno de Uruguay. Servicio de orientación telefónica a mujeres en situación de violencia doméstica: 0800 4141 / *4141. https://www.gub.uy/
Stark, E. (2007). Coercive Control: How Men Entrap Women in Personal Life. Oxford University Press.
Dutton, M. A., & Goodman, L. A. (2005). Coercion in intimate partner violence: Toward a new conceptualization. Sex Roles, 52, 743–756.
National Domestic Violence Hotline. Gaslighting and safety-planning resources. https://www.thehotline.org/
NOTA EDITORIAL
Este artículo es informativo y no sustituye una evaluación psicológica, social, médica o jurídica individual. El término gaslighting describe un patrón de manipulación; no es, por sí mismo, un diagnóstico clínico. Las estadísticas citadas corresponden a definiciones, muestras y períodos diferentes y no deben compararse como si fueran una única medición regional. Si pedir ayuda o buscar información pudiera aumentar el riesgo, prioriza un canal seguro y la orientación de servicios especializados.

