<strong>Desmasculinización</strong>: cuando se utiliza la masculinidad de un hombre para humillarlo o controlarlo
La <strong>desmasculinización</strong> puede entenderse, en el contexto de las dinámicas de poder, como el intento de disminuir, ridiculizar o poner en duda la masculinidad de un hombre para herirlo, avergonzarlo, controlarlo o forzarlo a comportarse de determinada manera. Aparece en frases como “no eres suficientemente hombre”, “un hombre de verdad haría esto”, “te falta carácter”, “eres poco hombre si no peleas”, “si necesitaras ayuda no serías tan débil” o cuando se utiliza su capacidad económica, sexual, física, laboral, paternal o emocional como examen permanente de su valor masculino.
El problema no es que existan distintas ideas sobre la masculinidad. Tampoco que una pareja, familiar, amigo o jefe pueda criticar una conducta concreta. El problema comienza cuando la pertenencia, el respeto, el amor o la dignidad se condicionan a superar una prueba de masculinidad impuesta por otra persona: proveer más, ganar, dominar, no llorar, no tener miedo, responder con violencia, aceptar riesgos, demostrar potencia sexual, ocultar necesidades o soportar humillaciones sin protestar.
Quien ejerce esta presión puede ser una pareja, una mujer, otro hombre, un padre, una madre, amigos, compañeros de trabajo, una jefatura, familiares o un grupo social. Incluso puede aparecer entre hombres como mecanismo de jerarquía: cuestionar la masculinidad de otro para obligarlo a competir, exponerse a riesgos o aceptar un trato degradante.
No existe una única forma saludable de ser masculino. Un hombre puede reconocerse en la fortaleza, protección, decisión, competencia o liderazgo y, al mismo tiempo, ser cariñoso, prudente, pedir ayuda, cuidar hijos, evitar peleas, expresar miedo, llorar o aceptar que no sabe algo. Ninguna de esas conductas disminuye por sí misma su dignidad.
Cuando la masculinidad se convierte en una prueba permanente, la identidad puede quedar atrapada en demostrar algo a los demás
La palabra “desmasculinización” se utiliza aquí de manera descriptiva; no es un diagnóstico clínico. Sin embargo, la psicología y la sociología han estudiado fenómenos muy cercanos. Joseph Vandello y Jennifer Bosson desarrollaron la teoría de la “precarious manhood”, según la cual en muchas culturas la condición social de “ser hombre” se percibe como algo que debe ganarse, demostrarse públicamente y que puede ponerse en duda con relativa facilidad. Sus investigaciones muestran por qué una amenaza a la masculinidad puede sentirse como una amenaza de estatus y provocar intentos de restaurarla.
Otra línea de investigación estudia el masculine discrepancy stress: el malestar que aparece cuando un hombre siente que no alcanza las expectativas masculinas que él o su entorno consideran importantes. Estudios han relacionado este tipo de estrés con distintos resultados psicológicos y conductuales, aunque asociación no significa destino ni causalidad automática. Una investigación con 558 hombres encontró que el estrés por discrepancia masculina se relacionaba con mayor malestar psiquiátrico a través de barreras para buscar ayuda psicológica. La enseñanza práctica es relevante: hacer sentir a un hombre “menos hombre” puede empujarlo precisamente a esconder el sufrimiento que necesita atender.
Un metaanálisis de Y. Joel Wong y colaboradores reunió 78 muestras y 19.453 participantes. En promedio, una mayor conformidad con determinadas normas masculinas tradicionales se relacionó desfavorablemente con indicadores de salud mental y con actitudes hacia la búsqueda de ayuda psicológica. Las asociaciones no fueron iguales para todas las normas: autosuficiencia, poder sobre las mujeres y la norma de múltiples parejas sexuales mostraron relaciones particularmente consistentes con resultados desfavorables. Esto no demuestra que la masculinidad sea perjudicial; muestra que convertir ciertos mandatos rígidos en requisitos obligatorios puede tener costos.
La Organización Mundial de la Salud también ha señalado que normas masculinas como la autosuficiencia obligatoria, la dificultad para expresar emociones y el énfasis en el autocontrol pueden convertirse en barreras para que algunos hombres busquen ayuda en salud mental. Al mismo tiempo, la OMS destaca que los hombres pueden expresar vulnerabilidad y buscar apoyo cuando existen contextos de confianza. La solución, entonces, no es quitarles fortaleza, sino ampliar las formas legítimas de ejercerla.
Desde la sociología, R. W. Connell y James Messerschmidt han estudiado cómo las masculinidades se organizan socialmente y cómo ciertas formas adquieren mayor prestigio que otras. Esta perspectiva ayuda a comprender por qué el cuestionamiento puede provenir no solamente de una persona íntima, sino también del grupo: compañeros que ridiculizan al hombre que cuida a sus hijos, amigos que presionan para pelear, familiares que consideran que pedir ayuda económica es vergonzoso o entornos laborales que confunden liderazgo con agresividad.
También conviene distinguir una crítica legítima de un ataque identitario. Decir “no cumpliste el acuerdo económico que teníamos y necesitamos resolverlo” habla de responsabilidad. Decir “si no ganas más dinero no eres hombre” convierte un problema concreto en degradación. “Necesito que participes más en las decisiones” plantea una necesidad de pareja; “eres poco hombre porque no impones tu voluntad” intenta dirigir la conducta mediante vergüenza. Una conversación sana puede exigir responsabilidad sin atacar la masculinidad del otro.
Proteger la masculinidad propia no significa demostrarla: significa que nadie tenga que humillarte para decidir qué clase de hombre debes ser
Para identificar <strong>desmasculinización</strong>, puede ser útil observar el patrón. ¿Alguien utiliza repetidamente “ser hombre” como premio o amenaza? ¿Te compara con otros hombres para avergonzarte? ¿Tu valor parece depender de dinero, rendimiento sexual, fuerza física, valentía o capacidad de aguantar? ¿Te provocan para que pelees o corras riesgos? ¿Se ridiculiza que cuides, tengas miedo, estés cansado o pidas ayuda? ¿Después de poner un límite recibes comentarios destinados a hacerte sentir insuficiente como hombre? Cuanto más repetitiva, humillante y condicionante sea la dinámica, más importante es tomarla en serio.
Hay una protección especialmente importante: no aceptar cada provocación como un examen. Si alguien dice “si fueras hombre harías esto”, responder demostrando fuerza, gastando dinero que no tienes, peleando, bebiendo, asumiendo un riesgo o teniendo una conducta sexual que no deseas entrega a esa persona el poder de definir la prueba y también la respuesta. La autonomía puede expresarse con frases firmes: “no necesito demostrar mi masculinidad haciendo algo que no quiero”, “puedes cuestionar mi decisión, pero no mi dignidad”, “que pida ayuda no te autoriza a humillarme” o “podemos hablar del problema sin usar mi masculinidad como arma”.
En pareja, esto requiere reciprocidad. Una mujer puede tener necesidades legítimas de seguridad económica, afecto, corresponsabilidad, deseo o iniciativa y expresarlas directamente sin convertirlas en una evaluación del valor masculino de su compañero. Un hombre también puede poner límites sin responder con desprecio, intimidación o control. La meta no es ganar una disputa sobre quién es más fuerte: es permitir que ambos expresen necesidades sin atacar la identidad del otro.
Entre hombres ocurre algo parecido. La amistad no necesita basarse en pruebas constantes de dureza. Un amigo puede decir “no quiero pelear”, “hoy no quiero beber”, “prefiero irme con mis hijos”, “esto me está afectando” o “voy a consultar a un psicólogo” sin tener que defender su hombría. Quien respeta a otro hombre no necesita empujarlo al riesgo para certificar su pertenencia.
En el trabajo, atacar la masculinidad puede mezclarse con hostigamiento: ridiculizar a un trabajador porque no carga más peso, no acepta horas imposibles, pide licencia, denuncia un problema o evita una confrontación física. En Chile, las relaciones laborales deben respetar la dignidad de las personas y la Ley 21.643, conocida como Ley Karin, reforzó la prevención, investigación y sanción del acoso laboral, sexual y de la violencia en el trabajo. No todo comentario sobre rendimiento constituye acoso, pero una jefatura debe evaluar tareas y conductas, no degradar identidades.
Los hombres también pueden protegerse construyendo una definición propia y flexible de lo que valoran en sí mismos. Preguntarse “¿qué clase de hombre quiero ser cuando nadie me está evaluando?” puede ser más útil que “¿estoy demostrando suficiente masculinidad?”. Para algunos la respuesta incluirá proteger, proveer o liderar; para otros, cuidar, crear, enseñar, acompañar o servir; para muchos será una combinación. Fortaleza puede incluir pedir tratamiento médico. Coraje puede ser retirarse de una pelea. Responsabilidad puede ser admitir un error. Protección puede significar cuidar a un hijo. Dignidad puede significar no responder a una humillación con otra.
Si el cuestionamiento viene de una persona importante, puede ayudar describir el efecto concreto: “cuando usas ‘poco hombre’ para conseguir que haga algo, me siento degradado y no quiero que resolvamos nuestros conflictos así”. Si existe disposición mutua, una conversación seria o apoyo terapéutico puede modificar patrones aprendidos durante años. Quien ha utilizado estas frases también puede reparar: reconocerlas, disculparse sin excusas y aprender a pedir directamente lo que necesita.
Cuando la humillación es persistente, se combina con amenazas, control económico, aislamiento, violencia, chantaje sexual o miedo, conviene mirar la dinámica completa y no reducirla a una discusión sobre masculinidad. Documentar hechos cuando sea pertinente, hablar con personas confiables y buscar orientación psicológica, laboral o jurídica puede ser protector. Pedir ayuda no concede la razón a quien intentó disminuirte; es una forma de recuperar capacidad de decisión.
Una masculinidad digna no necesita vivir a la defensiva. Puede ser firme sin ser cruel, protectora sin controlar, competitiva sin humillar, sensible sin perder fortaleza y autónoma sin quedar aislada. El punto central de estas dinámicas de poder es sencillo: ninguna persona debería tener que pasar exámenes de dureza, dinero, sexo, riesgo o dominio para conservar el respeto. La masculinidad que un hombre reconoce como propia puede desarrollarse, cuestionarse y madurar desde su propia reflexión; no debería ser arrancada de sus manos mediante vergüenza.
RECURSOS Y FUENTES
<a href="https://www.apa.org/about/policy/boys-men-practice-guidelines.pdf" target="_blank" rel="noopener">American Psychological Association — Guidelines for Psychological Practice with Boys and Men</a>
<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27869454/" target="_blank" rel="noopener">Wong y colaboradores — Meta-analyses of the relationship between conformity to masculine norms and mental health-related outcomes</a>
<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33233965/" target="_blank" rel="noopener">Investigación sobre masculine discrepancy stress, barreras para buscar ayuda y malestar psicológico</a>
<a href="https://www.who.int/europe/publications/i/item/9789289055130" target="_blank" rel="noopener">Organización Mundial de la Salud — Mental health, men and culture</a>
<a href="https://www.who.int/health-topics/gender" target="_blank" rel="noopener">Organización Mundial de la Salud — Gender and health</a>
<a href="https://psycnet.apa.org/record/2012-02181-003" target="_blank" rel="noopener">Vandello y Bosson — Hard Won and Easily Lost: A Review and Synthesis of Theory and Research on Precarious Manhood</a>
<a href="https://doi.org/10.1177/0891243205278639" target="_blank" rel="noopener">Connell y Messerschmidt — Hegemonic Masculinity: Rethinking the Concept</a>
<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1200096" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 21.643 (Ley Karin)</a>
NOTA EDITORIAL
“Desmasculinización” se utiliza en este artículo como término descriptivo para una dinámica interpersonal de degradación o control y no como diagnóstico psicológico o psiquiátrico. La investigación citada estudia constructos relacionados —precarious manhood, masculine discrepancy stress, conflicto y conformidad con normas masculinas— y no demuestra que toda crítica, desacuerdo o inseguridad masculina constituya desmasculinización. Importan la repetición, intención, contexto, humillación, coerción y efecto sobre la autonomía de la persona.


