<strong>Dismissive behavior</strong>: cuando descartar al otro se convierte en una forma de poder

El <strong>dismissive behavior</strong> —conducta desestimadora, desdeñosa o de descarte— aparece cuando una persona trata de manera repetida las ideas, emociones, necesidades, preguntas o aportes de otra como si no merecieran atención. Puede expresarse con palabras —“da lo mismo”, “estás exagerando”, “no sabes de lo que hablas”, “no tengo tiempo para esto”—, pero también mediante gestos: mirar el teléfono mientras alguien habla, poner los ojos en blanco, interrumpir sistemáticamente, cambiar de tema, responder con sarcasmo, suspirar con desprecio o actuar como si la persona no hubiera hablado.

La clave no es que todos debamos estar de acuerdo. Desestimar no es lo mismo que discrepar. “No comparto tu conclusión y estas son mis razones” reconoce que existe un interlocutor. “Eso es una tontería, siguiente tema” puede utilizar la posición social, emocional o institucional para cerrar la conversación antes de que el otro tenga un espacio real. El problema se vuelve especialmente importante cuando quien descarta tiene más poder: una jefatura frente a un trabajador, un profesional frente a un paciente, un adulto frente a un joven, una persona que controla recursos dentro de una pareja o un funcionario frente a quien necesita un trámite.

Puede afectar a hombres y mujeres. Un hombre puede escuchar que su tristeza “no es para tanto”, que debe resolver solo un problema o que hablar de miedo es debilidad. Una mujer puede ver una preocupación tratada como exageración, dramatismo o hipersensibilidad. Un joven puede ser descartado con “cuando seas adulto entenderás”. Un adulto mayor puede quedar fuera de conversaciones sobre su propia vida porque otros asumen que ya no comprende. Ninguna de estas situaciones demuestra por sí sola abuso; el patrón, el contexto y el efecto sobre la capacidad de participar son los que permiten comprender la dinámica.

También puede existir entre personas con poder equivalente. Una pareja puede invalidar constantemente al otro; un hermano puede ridiculizar cada opinión; un compañero puede hacer invisible el aporte de otro. Cuando se repite, el mensaje implícito deja de ser “no estoy de acuerdo contigo” y se acerca a “lo que tú piensas, sientes o necesitas no merece ocupar espacio”.

Descartar no siempre hace ruido: a veces el poder se ejerce haciendo sentir a otra persona que hablar no sirve de nada

La psicología no utiliza “dismissive behavior” como un único diagnóstico clínico. Sin embargo, existen campos de investigación muy cercanos: invalidación emocional, rechazo interpersonal, ostracismo, incivilidad laboral, comunicación despectiva y respuestas invalidantes. Mirarlos en conjunto ayuda a entender por qué una conducta aparentemente pequeña puede tener consecuencias cuando se vuelve habitual.

En experimentos sobre validación e invalidación emocional, las respuestas validantes se han asociado con disminuciones de emoción negativa, mientras que las invalidantes pueden intensificarla. Un estudio experimental publicado en 2022 con 126 participantes encontró precisamente ese patrón general. Esto no significa que debamos confirmar cada interpretación de otra persona: validar puede ser tan sencillo como reconocer “entiendo que esto te afectó” antes de discutir qué ocurrió realmente.

La distinción es fundamental. Una emoción puede ser real aunque la interpretación de los hechos sea incorrecta. Podemos decir “entiendo que estás asustado; revisemos si efectivamente existe peligro”, “veo que estás enojada; no aceptaré que me insultes” o “sé que esto te decepciona; la decisión seguirá siendo no”. Reconocer a la persona no exige renunciar a límites, evidencia ni responsabilidad.

En niños y adolescentes, la literatura sobre socialización emocional parental también ofrece información relevante. Un metaanálisis reciente que reunió decenas de estudios y más de diez mil participantes encontró que las respuestas parentales no apoyadoras hacia las emociones se asociaban con más síntomas internalizantes en niños y adolescentes, mientras las respuestas apoyadoras mostraban una asociación protectora pequeña. Son asociaciones poblacionales, no una sentencia sobre una familia: ningún padre queda definido por una respuesta cansada o equivocada. Lo importante es el patrón y la posibilidad de reparar.

Por eso, frente a un niño, “deja de llorar, no pasó nada” puede sustituirse por “veo que te dolió; cuéntame qué pasó”. Después se puede enseñar, poner límites o corregir. Los adultos también se sobrepasan. Si un padre o cuidador respondió mal, puede volver y decir: “antes no te escuché porque estaba muy cansado; quiero intentarlo de nuevo”. Reparar enseña algo poderoso: una relación puede equivocarse sin abandonar el respeto.

Con adolescentes y jóvenes, descartar sistemáticamente por edad puede cerrar información importante. La experiencia adulta aporta perspectiva, pero no convierte automáticamente en irrelevante la percepción del joven. Escuchar no significa entregarle todas las decisiones. Significa permitir que su voz exista dentro de una relación donde las responsabilidades pueden seguir siendo diferentes.

En los hombres, determinadas normas culturales pueden añadir otra capa. Investigaciones y guías de la American Psychological Association han descrito cómo mandatos rígidos de autosuficiencia y restricción emocional pueden dificultar que algunos hombres expresen vulnerabilidad o busquen ayuda. Si cuando finalmente hablan reciben “aguántate”, “eso no es un problema” o burlas, el descarte puede reforzar precisamente el silencio que dificulta pedir apoyo a tiempo.

En las mujeres, la desestimación puede cruzarse con estereotipos de género, especialmente cuando una opinión o síntoma se atribuye automáticamente a exageración, emocionalidad o dramatismo. En salud, la respuesta adecuada no es asumir que todo relato del paciente es diagnóstico correcto, sino investigar con seriedad. La autoridad profesional permite evaluar evidencia; no debería convertir la incertidumbre en permiso para humillar.

En adultos mayores, la Organización Mundial de la Salud advierte que el edadismo comprende estereotipos, prejuicios y discriminación basados en la edad y puede afectar la salud, el bienestar y los derechos humanos. Una forma cotidiana de edadismo es presumir incapacidad: hablar con los familiares en lugar de dirigirse a la persona, decidir sin consultarla o tratar sus preferencias como obstáculos. Cuando existe deterioro cognitivo real, pueden necesitarse apoyos y decisiones especiales; eso no justifica asumir incompetencia únicamente por la edad.

En el trabajo, la conducta desestimadora puede acercarse a la literatura sobre workplace incivility: faltas de respeto de baja intensidad cuya intención puede ser ambigua. Interrumpir siempre a la misma persona, ridiculizar preguntas, ignorar sus propuestas o reaccionar con gestos de desprecio puede degradar el clima aunque cada episodio aislado parezca menor. No toda mala educación constituye acoso laboral, pero la repetición, la humillación y el efecto sobre las oportunidades o condiciones de trabajo importan.

También debemos considerar el poder institucional. En Chile, el artículo 17 de la Ley 19.880 reconoce a las personas el derecho a ser tratadas con respeto y deferencia por autoridades y funcionarios. Un servicio público puede rechazar una petición conforme a la ley y, aun así, explicar la decisión respetuosamente. Decir “no corresponde” es distinto de hacer sentir al usuario que preguntar fue una insolencia. El poder de resolver un trámite no incluye un permiso para degradar.

Escuchar no obliga a dar la razón: obliga solamente a reconocer que frente a nosotros hay una persona cuya voz merece un espacio digno

Para identificar <strong>dismissive behavior</strong>, conviene observar la secuencia y no una frase aislada. ¿Cada vez que planteas una preocupación se cambia inmediatamente de tema? ¿la otra persona responde antes de que termines? ¿tus preguntas reciben burlas mientras las de otros reciben explicación? ¿se ponen los ojos en blanco o se suspira para hacerte sentir absurdo? ¿tus emociones son calificadas automáticamente como drama? ¿cuando intentas aclarar algo te dicen que eres demasiado sensible? ¿la persona utiliza su cargo, edad, conocimiento o control económico para decidir que tu versión ni siquiera merece ser escuchada?

Hay otra pregunta útil: ¿puedes discrepar sin perder dignidad? Una relación sana permite decir “no”, “no estoy de acuerdo”, “no puedo darte eso”, “creo que estás equivocado” o “necesito terminar esta conversación por ahora”. El descarte problemático aparece cuando la negativa viene acompañada de desprecio, invisibilización o una negativa sistemática a reconocer al otro como interlocutor.

Responder no requiere ganar una discusión. Algunas frases protectoras son: “no necesito que estés de acuerdo, pero sí que escuches lo que estoy diciendo”, “quiero terminar la idea antes de que respondas”, “podemos discutir el hecho sin ridiculizarme”, “si ahora no puedes conversar, acordemos otro momento” o “prefiero que me expliques la decisión sin tratar mi pregunta como algo absurdo”. La firmeza puede ser tranquila.

En pareja, una herramienta sencilla es separar tres niveles: emoción, interpretación y conducta. “Entiendo que te sentiste ignorado” reconoce emoción. “No coincido con que lo haya hecho intencionalmente” discute interpretación. “Podemos hablarlo, pero sin insultos” pone límite a la conducta. Esta estructura permite validar sin entregar la realidad ni el gobierno de la conversación a una sola persona.

En familias ocurre algo parecido. Los padres pueden tener autoridad y seguir escuchando. Los hijos adultos pueden establecer límites y seguir tratando con dignidad a sus padres mayores. Los hermanos pueden negarse a una petición sin convertirla en motivo de burla. El respeto no exige relaciones simétricas en todas las decisiones; exige que la diferencia de rol no convierta a una persona en irrelevante.

En el trabajo, cuando el patrón es persistente conviene pasar de impresiones generales a hechos concretos: “en las últimas cuatro reuniones fui interrumpido antes de terminar mi informe”, “estas dos propuestas quedaron sin respuesta y luego fueron presentadas por otra persona”, “cuando pregunté por el procedimiento recibí este mensaje”. Documentar ayuda a distinguir una mala interacción de una dinámica repetida y facilita pedir una solución específica.

En Chile, la Ley 21.643 —Ley Karin— reforzó las obligaciones de prevención e investigación frente al acoso laboral, sexual y violencia en el trabajo. La Dirección del Trabajo explica que el acoso laboral puede consistir en una conducta única o reiterada cuando genera menoscabo, maltrato o humillación, o amenaza o perjudica la situación laboral u oportunidades de empleo. Eso no convierte automáticamente cada interrupción o gesto descortés en acoso; sí recuerda que la dignidad forma parte de la relación laboral.

Para quien tiene autoridad —jefatura, docente, profesional, cuidador o funcionario— existe una práctica especialmente poderosa: explicar el desacuerdo antes de cerrar la puerta. “Revisé tu propuesta; no la aprobaremos por estas tres razones” conserva jerarquía y dignidad. “Eso no tiene sentido, no perdamos tiempo” puede convertir una decisión legítima en una experiencia de humillación. La calidad del poder también se mide en cómo se dice no.

Si descubrimos que somos nosotros quienes descartamos, reparar es posible. “Te interrumpí y asumí que sabía lo que ibas a decir; termina, por favor”. “Respondí con sarcasmo porque estaba molesto; no fue una buena forma”. “No comparto tu posición, pero debí explicarte por qué”. La reparación no exige fingir acuerdo: devuelve reconocimiento.

También conviene evitar patologizar toda distancia. Una persona puede necesitar terminar una conversación, protegerse de discusiones circulares, no responder inmediatamente o establecer un límite de contacto. Eso no es automáticamente desprecio. Cuando existe manipulación, violencia o hostigamiento, retirarse puede ser una medida de seguridad. Evaluar el contexto evita convertir el derecho a poner límites en una obligación de escuchar indefinidamente.

Si el patrón de descarte está generando ansiedad, pérdida de autoestima, miedo a hablar, aislamiento o dificultad para confiar en la propia percepción, conversar con alguien confiable o buscar apoyo psicológico puede ayudar a recuperar perspectiva. Cuando además existen amenazas, violencia, coerción económica, represalias laborales o abuso institucional, pueden ser necesarios apoyos especializados, laborales o jurídicos.

La alternativa al descarte no es una sociedad donde toda opinión tenga la misma evidencia ni donde nadie pueda decir que otro está equivocado. Es algo más sencillo: una cultura donde corregir no signifique humillar, poner límites no signifique despreciar y tener poder no signifique decidir quién merece ser escuchado. Podemos estar profundamente en desacuerdo y aun así reconocer al otro como persona.

RECURSOS Y FUENTES

<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35581663/" target="_blank" rel="noopener">Investigación experimental — The who and what of validation: an experimental examination of validation and invalidation</a>

<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28080085/" target="_blank" rel="noopener">Metaanálisis sobre supresión y expresión emocional y resultados interpersonales</a>

<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40931681/" target="_blank" rel="noopener">Metaanálisis — socialización emocional parental y síntomas internalizantes en niños y adolescentes</a>

<a href="https://www.apa.org/about/policy/boys-men-practice-guidelines.pdf" target="_blank" rel="noopener">American Psychological Association — Guidelines for Psychological Practice with Boys and Men</a>

<a href="https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/ageing-ageism" target="_blank" rel="noopener">Organización Mundial de la Salud — Edadismo</a>

<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=210676" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 19.880, derechos de las personas ante la Administración</a>

<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1200096" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 21.643 (Ley Karin)</a>

<a href="https://www.dt.gob.cl/portal/1628/w3-article-126484.html" target="_blank" rel="noopener">Dirección del Trabajo — conductas de acoso laboral y Ley Karin</a>

NOTA EDITORIAL

“Dismissive behavior” se utiliza en este artículo como término descriptivo para conductas de desestimación, descarte o desprecio interpersonal. No constituye por sí mismo un diagnóstico psicológico o psiquiátrico ni una categoría jurídica autónoma. No toda discrepancia, negativa, interrupción o necesidad de terminar una conversación es una conducta abusiva. Para evaluar una dinámica importan la repetición, el contexto, la diferencia de poder, la posibilidad real de responder, la presencia de desprecio o humillación y sus consecuencias sobre la autonomía y participación de la persona.