<strong>Retaliatory conduct</strong>: cuando el conflicto se convierte en castigo
La <strong>retaliatory conduct</strong> —conducta de represalia o retaliación— describe respuestas destinadas a castigar, perjudicar o “hacer pagar” a otra persona después de una negativa, crítica, denuncia, límite, desacuerdo u ofensa percibida. No es un diagnóstico psiquiátrico y el término puede tener significados jurídicos específicos según el contexto. Aquí se utiliza como una lente para reconocer cuándo un conflicto deja de buscar solución, protección o aprendizaje y comienza a organizarse alrededor del desquite.
Puede aparecer en cualquier género y relación. Una mujer puede retirar afecto, humillar, desacreditar o utilizar información íntima para castigar a un hombre porque no accedió a lo que ella quería; un hombre puede intimidar, controlar dinero, amenazar, ridiculizar o perjudicar a una mujer después de que ella estableció un límite; una jefatura puede quitar oportunidades, aislar o empeorar deliberadamente condiciones después de una queja; un funcionario puede obstaculizar un trámite porque un usuario reclamó; y un padre o una madre puede imponer una consecuencia a un hijo no para enseñarle, protegerlo o reparar un daño, sino para descargar rabia o demostrar quién manda.
La conducta concreta importa más que el género. La represalia también puede ser indirecta: silencio utilizado deliberadamente como castigo, exclusión social, rumores, sabotaje, demora intencional, negar cooperación que normalmente correspondería, exponer secretos, retirar recursos, asignar tareas degradantes o utilizar hijos, amistades, compañeros o procedimientos institucionales para devolver un daño percibido. No todo distanciamiento, cambio de decisión o consecuencia negativa es represalia: a veces alejarse es autocuidado, una sanción está justificada o una institución debe aplicar una norma.
La pregunta central es: ¿esta respuesta busca seguridad, reparación, aprendizaje y límites proporcionales, o busca producir sufrimiento porque la otra persona frustró, contradijo o denunció a quien tiene poder?
La represalia promete recuperar control, pero puede transformar una herida en una cadena de daño
La psicología de la venganza ayuda a comprender por qué retaliar puede sentirse atractivo. En experimentos clásicos de Kevin Carlsmith, Timothy Wilson y Daniel Gilbert, las personas que tuvieron la oportunidad de vengarse de alguien que percibían como injusto terminaron pensando más en el episodio y sintiéndose peor de lo que anticipaban. La explicación propuesta es importante: el desquite puede mantener viva la rumiación en lugar de cerrar el conflicto. Esto no significa que toda búsqueda de justicia sea venganza. Reclamar, denunciar, pedir reparación o exigir consecuencias proporcionales puede ser saludable y socialmente necesario.
En el trabajo, Daniel Skarlicki y Robert Folger estudiaron lo que denominaron organizational retaliation behavior y encontraron que las percepciones de injusticia organizacional se relacionaban con distintas respuestas retaliatorias. Otros trabajos de Thomas Tripp, Robert Bies y Karl Aquino han estudiado venganza, perdón y reconciliación después de ofensas laborales. Desde la sociología y la psicología organizacional aparece una idea común: cuando las personas creen que no existen procedimientos justos para resolver agravios, aumenta la tentación de recurrir a formas informales de devolver el daño. Por eso las instituciones necesitan canales confiables de reclamo y autoridades que no castiguen a quien los utiliza.
Los datos laborales muestran que la represalia no es un asunto marginal. En Estados Unidos, la Equal Employment Opportunity Commission ha informado durante años que retaliation es una de las bases más frecuentemente alegadas en las denuncias que recibe; en el año fiscal 2023 apareció en 56,8% de los cargos presentados ante la agencia. Esa cifra no significa que 56,8% de los trabajadores sufran represalias ni que cada alegación haya sido probada: indica la proporción de cargos ante esa institución que incluyeron esa base jurídica.
En las parejas debemos evitar otro error: asumir que la agresión psicológica pertenece naturalmente a hombres o mujeres. Los datos de los CDC estadounidenses muestran que hombres y mujeres pueden experimentar agresión psicológica de una pareja, aunque las formas, gravedad, consecuencias y contextos de violencia no son necesariamente equivalentes. Cuando el castigo incluye amenazas, aislamiento, control coercitivo, violencia física, sexual o económica, ya no estamos solamente ante una mala estrategia para resolver conflictos y la seguridad debe pasar al primer plano.
Con los niños, una consecuencia educativa y una represalia adulta son cosas distintas. La American Academy of Pediatrics recomienda estrategias disciplinarias que enseñen conductas apropiadas y desaconseja castigos corporales, amenazas, insultos, humillación y vergüenza. En Chile, la Ley 21.430 reconoce el derecho de niños y adolescentes al buen trato y a la protección frente a violencia y malos tratos. Un límite puede ser firme —“hoy no usarás el teléfono porque incumpliste el acuerdo que habíamos definido”— sin convertirse en “ahora te voy a quitar todo para que aprendas quién manda”. El objetivo educativo mira hacia adelante; la retaliación quiere hacer sentir el dolor hacia atrás.
Poner consecuencias no es vengarse: la diferencia está en el propósito, la proporcionalidad y el respeto
Para reconocer <strong>retaliatory conduct</strong>, puede servir revisar cinco señales: aparece después de que la otra persona dijo no, puso un límite, reclamó o denunció; la respuesta busca generar malestar más que resolver el problema; existe desproporción entre la conducta inicial y el castigo; se utilizan ventajas de poder que no tienen relación con el conflicto; y el mensaje implícito termina siendo “si vuelves a contradecirme, pagarás un precio”. Una sola señal no prueba represalia, pero varias repetidas merecen atención.
En pareja, una alternativa es nombrar la herida antes de convertirla en arma: “me dolió que no quisieras acompañarme y estoy enojada, pero no quiero castigarte por eso”; “me sentí rechazado y necesito hablarlo, no hacerte pagar”. Tanto hombres como mujeres pueden aprender estas respuestas. Tener rabia no vuelve mala a una persona. La pregunta es qué hacemos con esa rabia cuando tenemos capacidad de afectar al otro.
Si sentimos deseos de retaliar, puede ayudar posponer decisiones mientras la activación emocional está alta. Preguntarnos “¿qué reparación necesito realmente?”, “¿quiero proteger un límite o quiero que sufra?”, “¿esta consecuencia seguiría pareciéndome justa mañana?” y “¿podría explicar esta decisión tranquilamente ante una tercera persona imparcial?” introduce distancia entre emoción y acción. Si el patrón se repite, psicoterapia individual, terapia de pareja cuando sea segura, mediación u otros apoyos pueden ayudar a trabajar resentimiento, regulación emocional y formas de reparación. Cuando existe violencia o control coercitivo, la terapia conjunta puede no ser la opción adecuada y conviene priorizar evaluación especializada y seguridad.
Con hijos, la recomendación es especialmente amorosa: antes de castigar desde la rabia, el adulto puede regularse. Si es seguro, detenerse, tomar distancia breve y volver a la conversación evita convertir el poder parental en descarga emocional. Una consecuencia educativa debería ser comprensible, relacionada con la conducta cuando sea posible, proporcional, limitada en el tiempo y orientada a aprender o reparar. Y si un padre o madre perdió el control, reparar no elimina su autoridad: “estaba muy enojado y te castigué para hacerte sentir mal. Eso no estuvo bien. Mantendremos este límite, pero voy a cambiar la forma”. Pedir ayuda cuando la crianza nos supera es una conducta responsable, no una derrota.
En el trabajo y las instituciones, la prevención necesita trazabilidad. Las decisiones posteriores a una denuncia o reclamo deberían poder justificarse con criterios objetivos, documentación y procedimientos conocidos. En Chile, la llamada garantía de indemnidad protege al trabajador frente a represalias del empleador vinculadas al ejercicio legítimo de derechos laborales y acciones administrativas o judiciales en los términos que establece la legislación. La Ley Karin, además, reforzó el marco preventivo y de investigación frente al acoso laboral, sexual y violencia en el trabajo. Que una persona reclame no le concede inmunidad frente a toda decisión posterior; exige que las decisiones legítimas no se conviertan en castigo por haber reclamado.
Para quien siente que está recibiendo represalias, puede ser útil registrar fechas, decisiones, mensajes y cambios concretos; distinguir hechos de interpretaciones; buscar una segunda mirada confiable; conocer los canales formales disponibles y evitar escalar impulsivamente cuando exista riesgo. En relaciones personales, hablar directamente puede ser útil si hay seguridad. En relaciones con amenazas, violencia, dependencia económica severa o abuso institucional, pedir apoyo profesional, jurídico o de una red confiable puede ser más prudente que enfrentar a solas a quien controla recursos importantes.
La justicia y la venganza no son lo mismo. Una comunidad sana necesita consecuencias para conductas dañinas, protección para quien ha sido perjudicado y posibilidades de reparación. Lo que deteriora las dinámicas de poder es convertir el acceso al afecto, dinero, trabajo, hijos, reputación, trámites o autoridad en armas para enseñar a otra persona que contradecirnos tiene un precio.
Podemos sentir enojo, decepción e incluso deseos de devolver el daño sin quedar definidos por esos impulsos. Pedir ayuda antes de actuar, reconocer que estamos heridos y elegir una consecuencia justa en lugar de una represalia puede proteger simultáneamente nuestra dignidad y la del otro. El objetivo no es eliminar el conflicto: es impedir que el conflicto nos convierta en castigadores de las personas que tenemos capacidad de afectar.
RECURSOS Y FUENTES
<a href="https://psycnet.apa.org/record/2008-09222-009" target="_blank" rel="noopener">Carlsmith, Wilson y Gilbert — The Paradoxical Consequences of Revenge</a>
<a href="https://psycnet.apa.org/record/1997-07833-001" target="_blank" rel="noopener">Skarlicki y Folger — Retaliation in the Workplace: The Roles of Distributive, Procedural, and Interactional Justice</a>
<a href="https://www.eeoc.gov/retaliation" target="_blank" rel="noopener">U.S. Equal Employment Opportunity Commission — Retaliation</a>
<a href="https://www.eeoc.gov/data/charge-statistics-charges-filed-eeoc-fy-1997-through-fy-2023" target="_blank" rel="noopener">EEOC — estadísticas de cargos y represalias hasta FY 2023</a>
<a href="https://www.cdc.gov/intimate-partner-violence/about/index.html" target="_blank" rel="noopener">Centers for Disease Control and Prevention — Intimate Partner Violence</a>
<a href="https://publications.aap.org/pediatrics/article/142/6/e20183112/37519/Effective-Discipline-to-Raise-Healthy-Children" target="_blank" rel="noopener">American Academy of Pediatrics — Effective Discipline to Raise Healthy Children</a>
<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1173643" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 21.430 sobre garantías y protección integral de la niñez y adolescencia</a>
<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1200096" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 21.643 (Ley Karin)</a>
<a href="https://www.dt.gob.cl/portal/1626/w3-article-103244.html" target="_blank" rel="noopener">Dirección del Trabajo — tutela laboral y protección de derechos fundamentales</a>
NOTA EDITORIAL
“Retaliatory conduct” se utiliza aquí en un sentido descriptivo amplio. En derecho, “represalia” tiene requisitos específicos que varían según jurisdicción y materia; en psicología no constituye por sí misma un diagnóstico clínico. No toda consecuencia adversa después de un conflicto es retaliación. Para evaluar un caso concreto importan la intención, secuencia temporal, proporcionalidad, relación entre los hechos, uso del poder, existencia de criterios objetivos y contexto completo.


