<strong>Estigma de cuidado</strong>: cuando cuidar se asigna por género, edad o parentesco
El <strong>estigma de cuidado</strong> es una forma de nombrar las expectativas que asignan el cuidado casi automáticamente a determinadas personas: “la madre debe hacerse cargo”, “la abuela tiene que cuidar a los nietos”, “un padre no debería entrar a mudar a su hija” o, en el extremo contrario, “los abuelos ya criaron y no deberían involucrarse”. No es un diagnóstico ni una categoría jurídica formal. Es una lente para observar cómo los estereotipos pueden transformar algo profundamente humano —cuidarnos— en obligación, exclusión o juicio.
Una abuela puede encontrar enorme alegría y sentido en acompañar a sus nietos. Esa relación puede ser preciosa para tres generaciones. Pero apoyo no significa disponibilidad ilimitada: los abuelos también tienen salud, trabajo, pareja, descanso, proyectos y derecho a decir cuánto pueden ofrecer. Del mismo modo, una madre joven puede necesitar intensamente a su familia sin que eso signifique trasladar automáticamente su responsabilidad parental a su propia madre. Y una abuela que pone límites no debería ser etiquetada sin más como egoísta: puede seguir siendo una red afectiva importante de muchas otras maneras.
También opera en sentido inverso cuando desconfiamos de un padre que cuida. Un hombre que muda, alimenta, consuela, lleva al pediatra o acompaña a un niño al baño no está “ayudando a la mamá”: está ejerciendo cuidado y, cuando es su padre, responsabilidad parental. Si los espacios públicos carecen de mudadores accesibles para hombres o un padre es mirado con sospecha por realizar tareas íntimas normales de crianza, el entorno sigue comunicando que el cuidado infantil pertenece principalmente a las mujeres.
Los niños necesitan adultos responsables y redes disponibles; ninguna persona debería cargar sola con todo el cuidado
La ciencia y el derecho convergen en una idea importante: el bienestar infantil necesita relaciones estables y cuidadoras, pero eso no equivale a imponer toda la tarea a una sola mujer o a una abuela. La Convención sobre los Derechos del Niño establece en su artículo 18 que ambos padres tienen obligaciones comunes respecto de la crianza y el desarrollo, y que los Estados deben prestar asistencia apropiada a padres y representantes legales para cumplir esas responsabilidades.
En Chile, la Ley 21.430 sobre garantías y protección integral de los derechos de la niñez reconoce a la familia como el núcleo fundamental de la sociedad y el medio natural para el crecimiento y bienestar de niños y adolescentes. Al mismo tiempo, su enfoque de protección integral compromete a familia, órganos del Estado y sociedad. La legislación chilena sobre cuidado personal también incorpora el principio de corresponsabilidad parental: cuando los padres viven juntos o separados deben participar activa, equitativa y permanentemente en la crianza y educación de sus hijos, considerando el interés superior del niño.
Los datos muestran por qué la corresponsabilidad sigue siendo un desafío. La II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INE, correspondiente a 2023, muestra que las mujeres continúan dedicando más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. Esa desigual distribución no significa que los hombres no cuiden ni que todas las familias funcionen igual; sí muestra que el cuidado todavía tiene una carga de género importante en Chile.
La investigación sobre abuelos cuidadores también exige matices. Revisiones científicas encuentran que cuidar nietos puede aportar propósito, cercanía y bienestar en determinadas circunstancias, mientras que cuidados muy intensivos, prolongados o asumidos bajo presión pueden asociarse con sobrecarga y efectos negativos para algunos abuelos. Por eso la pregunta saludable no es “¿deben o no deben cuidar los abuelos?”, sino “¿este apoyo es querido, sostenible, conversado y compatible con las necesidades de todas las generaciones?”.
Con los padres ocurre algo similar. Revisiones sobre participación paterna encuentran asociaciones entre una implicación positiva del padre y diversos resultados favorables del desarrollo infantil. Esto no disminuye a las madres: amplía el número de vínculos responsables disponibles para el niño y evita que el cuidado se construya como una función exclusivamente femenina.
Una red de cuidado sana se conversa: padres responsables, abuelos que pueden elegir y una sociedad que facilita cuidar
Para salir del <strong>estigma de cuidado</strong> podemos empezar por reemplazar obligaciones automáticas por conversaciones concretas. A los abuelos: “¿qué apoyo puedes y quieres ofrecer?”. A los padres: “¿cómo distribuimos de manera realista las noches, controles médicos, alimentación, colegio, juego y enfermedad?”. A la familia extensa: “¿qué podemos hacer para que esta madre o este padre no críe completamente solo?”. Y a las instituciones: “¿nuestros baños, horarios, permisos y espacios reconocen que hombres y mujeres cuidan?”.
En una familia monoparental, la necesidad de red puede ser todavía más evidente. Ser la principal persona responsable no debería significar tener que hacerlo todo sin descanso. Una red puede incluir abuelos, hermanos adultos, amistades, vecinos confiables, escuela, servicios de salud, comunidad y apoyos públicos. La red complementa y sostiene; no reemplaza sin acuerdo a quien tiene la responsabilidad parental.
También conviene distinguir apoyo de abandono. Que una abuela cuide regularmente a un nieto no significa que la madre o el padre lo haya abandonado. Las familias pueden organizar cuidados intergeneracionales muy estrechos y saludables. Si, en cambio, un progenitor se desentiende persistentemente de sus responsabilidades y deja a otra persona a cargo sin acuerdos, recursos ni presencia suficiente, estamos ante un problema distinto que debe evaluarse por los hechos y por las necesidades del niño, no por prejuicios sobre madres jóvenes, clase social o cultura.
Consejos clave: conversa las expectativas antes de que aparezca el resentimiento; distribuye tareas concretas en lugar de decir “ayúdame más”; permite que abuelos y otros familiares digan sí, no o hasta dónde; reconoce al padre como cuidador pleno; evita juzgar a una madre por necesitar red; y pregúntate periódicamente quién está agotado en la familia. Si alguien está sosteniendo demasiado, reorganizar el cuidado es una forma de proteger también al niño.
La idea de que “se necesita una aldea” no debe convertirse en una nueva obligación moral para cada familiar. Puede entenderse de una manera más cuidadosa: los niños tienen responsables principales, pero crecen dentro de relaciones, instituciones y comunidades. Una sociedad protectora facilita que sus cuidadores puedan cuidar y no pone obstáculos absurdos a quien efectivamente está haciéndolo.
Familia y autonomía no son enemigas. Una abuela puede ser una red extraordinaria porque ama y elige participar; una madre puede pedir ayuda sin ser considerada incapaz; un padre puede cuidar sin ser tratado como intruso; y un niño puede recibir amor de muchas personas sin que ninguna de ellas tenga que desaparecer bajo el peso de una obligación impuesta. La corresponsabilidad funciona mejor cuando el cuidado circula con compromiso, consentimiento y respeto.
RECURSOS Y FUENTES
<a href="https://www.ohchr.org/en/instruments-mechanisms/instruments/convention-rights-child" target="_blank" rel="noopener">Naciones Unidas — Convención sobre los Derechos del Niño, especialmente artículo 18 sobre responsabilidades comunes de los padres y apoyo estatal</a>
<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1173643" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 21.430 sobre garantías y protección integral de los derechos de la niñez y adolescencia</a>
<a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1052090" target="_blank" rel="noopener">Biblioteca del Congreso Nacional — Ley 20.680 e incorporación del principio de corresponsabilidad parental</a>
<a href="https://www.ine.gob.cl/estadisticas/sociales/genero/uso-del-tiempo" target="_blank" rel="noopener">Instituto Nacional de Estadísticas de Chile — Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo</a>
<a href="https://www.unicef.org/parenting/child-care" target="_blank" rel="noopener">UNICEF Parenting — cuidado, crianza y apoyo a quienes cuidan</a>
<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=grandparent+childcare+systematic+review" target="_blank" rel="noopener">PubMed — literatura científica y revisiones sobre cuidado de nietos y bienestar de los abuelos</a>
<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=father+involvement+child+development+systematic+review" target="_blank" rel="noopener">PubMed — revisiones científicas sobre participación paterna y desarrollo infantil</a>
NOTA EDITORIAL
“Estigma de cuidado” se utiliza aquí como un concepto descriptivo para analizar expectativas y prejuicios sobre quién debería cuidar. No pretende establecer que una forma particular de organización familiar sea superior a otra. Las familias pueden distribuir el cuidado de maneras muy diversas; los criterios centrales son el interés y seguridad del niño, la responsabilidad de quienes legalmente corresponda, el consentimiento de quienes integran la red y que ninguna persona sea explotada, excluida o desvalorizada por su género, edad o parentesco.

